viernes, 9 de diciembre de 2011

Una noche nada serena


Una noche cualquiera es estar en casa viendo televisión, leyendo, haciendo trabajos o durmiendo. En La Base Mayorazgo de Serenazgo de Ate la noche toma otro sentido, otro ritmo, otro rumbo dejando de lado la pasividad del descanso y cediendo el paso a un modo diferente de “pasar” la noche.


Por: Carmen Kuong

Antes no era más que un terral, un lugar perfecto donde noche a noche entraba en una disputa de anónimos por convertirlo en un baño público, nido de amor, aeropuerto de chicos sin aviones o en todas esas cosas juntas. Hoy es La Base Mayorazgo.

Jefe Verástegui. Se inició como "Sereno" a los 22 años.
Hoy tiene 38
“Pasa, justo acaba de llegar el Supervisor”, me comenta María Vargas con una voz amable mientras me abre la puerta de fierro negra. Es una chica trigueña, pequeña, un metro cincuenta aproximadamente. Lleva el pelo sujetado por una cola que la hace ver ordenada. Subimos las escaleras y me dice “hoy es un día tranquilo. Así que creo que vamos a tener tiempo de conversar. Por ahí nos podemos dar un [1]sajiro y dormir un ratito (risas)”.

Ingresamos a una oficina amplia con pocos muebles que da la sensación de ser más grande de los ocho metros por trece que tiene. “Hola, cómo estás”, me dice el Super (como lo llama María al Supervisor) al mismo tiempo que deja de lado el [2]solitario que viene jugando en la PC. “Todo bien gracias”, respondo mientras le estrecho la mano con una amable sonrisa.

-A ver cuéntame, en qué consiste tu trabajo, en qué te puedo ayudar- comenta.
- Hoy voy a ser una Serena. Así que a sus órdenes jefe-, le respondo.

El Supervisor sonríe mientras se coloca una casaca (la misma que tiene María) y además un chaleco que entre otras cosas tiene una solapa con su apellido: Verástegui.

Toma su gorra, está listo para salir. Me comenta que está esperando que venga su móvil para poder ir a revisar los distintos puntos de la zona que tiene a su cargo. “La primera vez que María llegó a esta Base fue hace dos meses. Para relajarla un poco la llevé al campo (referencia de la calle). Esa vez fueron los [3]piqueros. Así que como hoy es jueves si hay piqueros te llevo para que veas cómo es el trabajo afuera”, me dice. Sonrío, estoy más que feliz. Viene la móvil y se va.

Me siento al frente de María que está terminando de comer su Arroz Chaufa. En eso, el silencio se interrumpe por una voz a través de la [4]Handy que tiene al lado.

-       Móvil 11 Zavaleta, se escucha una voz de mujer.
-       2, responde una voz de hombre.
-       Móvil 11, en el parque 7 Sol de Vitarte libando licor. Cuatro ebrios haciendo disturbios.
-       10, responde la voz de hombre.

Al ver mi cara de desconcierto, María me explica que en la base se manejan por códigos para hacer más rápida la comunicación. Para que pueda entender me comenta que 2 significa adelante y 10 afirmativo. "Cuando llaman a la base primero dicen el nombre de la base y después quién llama. Por ejemplo Mayorazgo Zavaleta. En ese caso sería la Base Central Zavaleta la que estaría llamando", me comenta.

En el escritorio de María veo un par de teléfonos que son los que utiliza cuando llaman los contribuyentes. Timbra, es un contribuyente manifestando la presencia de un carro plomo extraño en la zona. María responde que va a enviar a un efectivo. “Vamos, esta a media cuadra”, me dice. Nos paramos y nos dirigimos a hacer nuestra primera intervención. Toma la Handy, su libreta y la llave de la base. Salimos.

Nos encontramos con el [5]guachimán de la cuadra. Le pregunta por un carro plomo extraño y nos comenta que había uno pero ya se retiró. "Era de un vecino que vendió su departamento y parece que vino a visitar a los nuevos dueños", añade el guachimán. Igual María decide caminar un poco más y anota la placa de un vehículo plomo que estaba estacionado, el único que había en el lugar. Regresamos a la base. Vuelve a llamar el contribuyente y se le informa lo sucedido. “A veces los contribuyentes llaman a felicitarte o a insultarte. No queda de otra; los escuchas… Me pagan por eso (baja el tono de la voz y mira al vacío)”, me dice con voz de resignación.

María coge una libreta pequeña hecha de manera artesanal que tiene en su escritorio (contiene hojas recicladas de distintos colores y con una tapa de cartón de color marrón). “Todas las cosas que pasan las anoto acá. De ahí las paso a limpio en el cuaderno de incidencias”, me indica. Continúa escribiendo cuando se escucha por la Handy el llamado de Centurión a la Base Mayorazgo. “Es el Super, me dice.

-       Adelante Centurión, responde María.
-       ¿Qué novedades? ¿Cómo está la coleguita?, pregunta el Super.
-       Todo bien. Sin novedades.

Termina la comunicación e inmediatamente pregunto a quién se refería con la “La coleguita”. María me comenta entre risas que a mi. Me explica que se comunican por una frecuencia que escuchan todos los serenos y las cinco bases que tiene Ate: Salamanca, Mayorazgo, Zavaleta (es la Central y la más grande), Huaycán y Santa Clara.

El silencio de la noche es interrumpido por ronroneos a decibeles descomunales: [6]piques. Se escucha en la Handy el cruce de información de varios efectivos que termina en la comunicación “recojo a la coleguita de la reja en este momento”, era el supervisor Verástegui. ¡Corre!, me dice María.

Cogí mi cámara y salí corriendo. Eran dos cuadras que me parecieron dos metros. El carro me estaba esperando con la puerta abierta. Subí y arrancó. Llegamos al lugar. Eran cincuenta carros aproximadamente y diez vehículos de Serenazgo con las circulinas prendidas: el sonido era ensordecedor. Los piqueros trataban de irse a toda velocidad. Los perseguimos hasta que salieron del distrito. Pasamos a hacer una ronda por la avenida La Molina: encontramos parroquianos pagando por placer a las chicas de la vida. Después del clásico “circulen, circulen”, continuamos con la breve ronda que culminó sin novedad. Regresamos a la base.

Las horas pasan y el sueño se viene apresando de nosotras. La primera en pestañar fue María. Se quedó dormida cuando estaba pasando la información de su libreta de notas al Cuaderno de Incidencias. En ese instante llamaron a la base. Cuando me prestaba a avisarle, tomó la Handy y respondió el llamado. Terminó y ante mi asombro dijo “Coloco la Handy en dirección a mi oído. Cierro mis ojos pero mis oídos siguen trabajando. Es cuestión de acomodarse y acostumbrarse”.

“Hace más de 18 años en Ate se inició Serenazgo con los varones. Hace aproximadamente nueve años las mujeres. En todo ese tiempo no creo que alguna persona haya podido soportar toda la noche despierta, más aún, porque tenemos otras actividades en el día”, me comenta.  Mientras me habla no puedo mantenerme despierta. Por el sonido brusco de la Handy me despierto y logro escuchar que habían robado un predio. “Entre las dos y cuatro de la madrugada, las personas dormimos profundamente. Esa es la hora que roban las casas”, me dice María.

Las horas continúan y la lucha con Morfeo es cada vez más dura. Ya son casi las 6 de la mañana y estamos por terminar nuestra jornada. María está terminando de llenar el Cuaderno de Incidencias y otros documentos. Solo falta media hora para terminar el turno de doce horas. Empiezan a llegar los serenos del turno que está por iniciar; guardan sus mochilas, lustran sus botas, se colocan la casaca, el chaleco. Es un día frío y nublado como cualquier otro.


[1] Cfr. Tiempo, momento.
[2] Cfr. Juego de cartas que se encuentra en las computadoras.
[3] Cfr. Personas que forman parte de carreras clandestinas de velocidad en distancias cortas.
[4] Cfr. Radio portátil.
[5] Cfr. Vigilante nocturno contratado por las personas del lugar que se encarga de cuidar.
[6] Cfr. Carrera clandestina de carros o motos lineales de velocidad en distancias cortas.


El video que grabé ese día en la móvil



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