viernes, 9 de diciembre de 2011

El canchero del futsal


Para iniciar un partido de futsal se necesitan dos árbitros, dos equipos, un terreno de juego y el infaltable señor canchero. Sin Luis Arias Miranda las tribunas no gozarían y el futsal no sería el mismo.


Por: Carmen Kuong.

É
l, su bolsa grande de color azul repleta de canchita[1] y su voz ligeramente ronca nos dan la bienvenida al coliseo de futsal de La Videna. “Es muy alegre y de buen carácter. Siempre te pasa la voz y se lleva bien con todos”, comenta una deportista e hincha del futsal. Así es Luis  Arias Miranda más conocido como el señor canchero o cancha.  Al ingresar el equipo de varones de una conocida universidad limeña, como si fuera parte del protocolo antes de un partido, se acercan a saludarlo. Él los llama a cada uno  por su nombre o sobrenombre y empieza a contarles los pormenores del partido anterior.

El 27 de octubre de 1952 en un partido U - Sport Boys
se inaugura el Estadio Nacional con él como vendedor
 
El tiempo parece pasar por todos menos por él. Se inició, a los ochos años, en la corrida de Toros vendiendo coco y maní. Ha recorrido todo escenario deportivo que le han permitido. Conoce a muchas deportistas y se le infla el pecho al hablar de ellas y ellos como si se tratara de alguno de sus cinco hijos. “El voley y el fútbol han sido mis deportes engreídos. He estado en el Circuito Santa Rosa, Hípica, Campo de Marte, Karate, Box, corrida de Toros pero nada como el coliseo Dibós o el Estadio Nacional. Iba a cada partido de voley. “Ahí conocí a Cecilia Tait, Cenaida Uribe por hablarte de las más tías. También conozco a las más chibolas como las matadorcitas. Mi chochera es Lizeth Sosa. La conozco desde que tenía ocho años. Ahora cuando me ve, se me acerca y nos ponemos a conversar. Todas son muy lindas. Imagínate, con la selección de voley hasta he viajado. Pero nada como los laberintosos[2] del fútbol”, comenta.

Un cliente se acerca y le pide una canchita. Ha dejado descansar el bolsón grande de color azul (en un pequeño lugar dentro del coliseo de Videna) y tiene en el brazo una bolsa pequeña de color amarillo que la lleva en un brazo. En el otro brazo lleva una caja cortada por la mitad que finge de azafate, donde lleva las papitas, habas y maníes. “Espérame aquí. Siéntate en la banca ahorita regreso. Aprovecha que hay un buen partido”, me dice mientras se acerca a vender alguno de sus productos.

Con 59 años en el
mercado , es el
vendedor más antiguo de
nuestro país
“Si gana el equipo verde se tumba a la selección de la ACJ que es el equipo campeón”, me dice mirando el partido e intentando sentarse al mismo tiempo. Los ojos no los puede sacar del terreno de juego, los jugadores lo tienen hipnotizado. Trata de concentrarse en el partido, en lo que dice y en vender pero le gana el partido. Un ruido ensordecedor irrumpe en el lugar. Alrededor de 80 personas gritando a una sola voz ¡Gol! “Ese gol me hace acordar a un partido en el Estadio Nacional entre la U y Huaral en aquella época cuando se jugaban tripletes[3]. Imagínate, estadio lleno. Por aquel entonces, vendía tanto que tenía que contratar ayudantes. Ese día entre todos vendimos 24000 paquetes de canchita ¡Todo un record!”, comenta con la voz entre corta por la falta de aire.

Unas personas sentadas un par de gradas más abajo giran y le pasan la voz. Él les hace un gesto con la mano indicándoles que vengan. Al acercarse los chicos le gastan un par de bromas. Todos nos reímos y él, que tiene esa picardía propia de las personas que viven en la rica Vicky[4], se mata de la risa. “Me la hiciste pues sobrino. Qué deseas, ando conversando”, comenta tratando de devolver la broma. ¡Grave error! Estos chicos son de temer. Bromas van, bromas vienen. Llegan por todos lados, parecen nunca parar. Él es el punto pero no se pica[5]. Al contrario, aprovecha el momento y empieza a vender. “Así es acá siempre. Capaz no los conozco a todos pero si me ubican. Hago que se sientan cómodos y es ahí donde vendo. Todo siempre con respeto”, dice mientras está alcanzando a una niñita un paquete de habas.

“Así como ves a las personas acá súper bromistas; los futbolistas y futsalistas son igual de laberintosos. En la época que vendía en los entrenamientos en Matute, conocí a Cueto, Cubillas, Perico León. También conocí a Susoni (toma una pausa y respira hondo), Tomasini y todos los finaditos. Eran muy buenos…que pena que partieron”, comenta mientras del bolsillo delantero de su mandil color naranja saca un papel para secarse el sudor. “Había un negrito muy lindo que jugaba muy bien. Siempre terminado su entrenamiento iba y le limpiaba el carro a Waldir Sáenz. A veces se me acercaba y le invitaba papitas, canchita o lo que me pidiera. Era todo un caballerito”, añade.

-¿Quién era?, pregunto.
- Jefferson Farfán- responde.

Con un gesto de resignación continúa diciendo que el zambito cambió. Ese cambio lo atribuyó a Melissa, ex esposa de Farfán.

-Una vez me lo encontré en Videna. Él había terminado de entrenar-, comenta.
- ¿Qué paso, te reconoció?-
- Si, me dice muy emocionado. Se me acercó, me saludó y en esa ocasión me regaló cien      dólares-.
- Por qué dices que Melissa lo cambió, pregunto.
- Porque en una ocasión, estábamos en Matute y me llamó para comprarme canchita. Me pagó con un billete grande. Me dijo que me quedara con el vuelto pero ella se fastidió y le reclamó.
- ¿Qué hizo él?, pregunté.
- No supo que hacer. Me guiñaba el ojo diciendo no le hagas caso pero me fastidió la actitud de ella. Así que saqué todo mi sencillo y le di su vuelto.

Un grupo de chicas ingresan al coliseo (como parte de la barra de un equipo universitario). Entre silbidos coquetos, susurros al oído, miradas atentas y  sonrisas de lado. Un chico, muy valiente dada la situación, se acerca decidido. Parece que conoce a una de las señoritas por los pasos seguros que da al andar. Se va abriendo paso y se dirige a una de ellas. Ella sin saber que hacer se queda paralizada. El chico se detuvo casi a un metro.

-Mamacita ¡Que rica que estás!”, dijo.

El sr Canchero se paró y se adelantó a los chicos, enamorado, amigos y familiares, que acompañaban a las señoritas. -Rica y fresquita está la canchita, maní, habas. Un Sol cualquiera ¿Qué te doy?-, dijo. Las risas se hicieron escuchar disolviendo el momento tenso. El joven solo atinó a sacar una moneda, coger una bolsa de canchita e irse.

“Hoy a mis 68 años me e vuelto a enamorar perdidamente: El futsal me ha cautivado. Mis hijas me reclaman por qué no paro en casa. Quieren que me siente a ver televisión y para que no me aburra me ponen fútbol o futsal pero no es igual. Me paro y les digo que tengo que trabajar. Cojo mi bolsa con las canchitas ya empaquetadas y me voy al coliseo. Ahí conozco a todos y sino igual me pongo a conversar y a vender ¡Total! Todos estamos ahí por lo mismo: el futsal”, finaliza el sr. Canchero.


[1] Cfr. Palomitas de maíz
[2] Cfr. Bromistas.
[3] Cfr. Tres partidos seguidos de distintos equipos.
[4] Cfr. Distrito de La Victoria.
[5] Cfr. Molestar.

Una noche nada serena


Una noche cualquiera es estar en casa viendo televisión, leyendo, haciendo trabajos o durmiendo. En La Base Mayorazgo de Serenazgo de Ate la noche toma otro sentido, otro ritmo, otro rumbo dejando de lado la pasividad del descanso y cediendo el paso a un modo diferente de “pasar” la noche.


Por: Carmen Kuong

Antes no era más que un terral, un lugar perfecto donde noche a noche entraba en una disputa de anónimos por convertirlo en un baño público, nido de amor, aeropuerto de chicos sin aviones o en todas esas cosas juntas. Hoy es La Base Mayorazgo.

Jefe Verástegui. Se inició como "Sereno" a los 22 años.
Hoy tiene 38
“Pasa, justo acaba de llegar el Supervisor”, me comenta María Vargas con una voz amable mientras me abre la puerta de fierro negra. Es una chica trigueña, pequeña, un metro cincuenta aproximadamente. Lleva el pelo sujetado por una cola que la hace ver ordenada. Subimos las escaleras y me dice “hoy es un día tranquilo. Así que creo que vamos a tener tiempo de conversar. Por ahí nos podemos dar un [1]sajiro y dormir un ratito (risas)”.

Ingresamos a una oficina amplia con pocos muebles que da la sensación de ser más grande de los ocho metros por trece que tiene. “Hola, cómo estás”, me dice el Super (como lo llama María al Supervisor) al mismo tiempo que deja de lado el [2]solitario que viene jugando en la PC. “Todo bien gracias”, respondo mientras le estrecho la mano con una amable sonrisa.

-A ver cuéntame, en qué consiste tu trabajo, en qué te puedo ayudar- comenta.
- Hoy voy a ser una Serena. Así que a sus órdenes jefe-, le respondo.

El Supervisor sonríe mientras se coloca una casaca (la misma que tiene María) y además un chaleco que entre otras cosas tiene una solapa con su apellido: Verástegui.

Toma su gorra, está listo para salir. Me comenta que está esperando que venga su móvil para poder ir a revisar los distintos puntos de la zona que tiene a su cargo. “La primera vez que María llegó a esta Base fue hace dos meses. Para relajarla un poco la llevé al campo (referencia de la calle). Esa vez fueron los [3]piqueros. Así que como hoy es jueves si hay piqueros te llevo para que veas cómo es el trabajo afuera”, me dice. Sonrío, estoy más que feliz. Viene la móvil y se va.

Me siento al frente de María que está terminando de comer su Arroz Chaufa. En eso, el silencio se interrumpe por una voz a través de la [4]Handy que tiene al lado.

-       Móvil 11 Zavaleta, se escucha una voz de mujer.
-       2, responde una voz de hombre.
-       Móvil 11, en el parque 7 Sol de Vitarte libando licor. Cuatro ebrios haciendo disturbios.
-       10, responde la voz de hombre.

Al ver mi cara de desconcierto, María me explica que en la base se manejan por códigos para hacer más rápida la comunicación. Para que pueda entender me comenta que 2 significa adelante y 10 afirmativo. "Cuando llaman a la base primero dicen el nombre de la base y después quién llama. Por ejemplo Mayorazgo Zavaleta. En ese caso sería la Base Central Zavaleta la que estaría llamando", me comenta.

En el escritorio de María veo un par de teléfonos que son los que utiliza cuando llaman los contribuyentes. Timbra, es un contribuyente manifestando la presencia de un carro plomo extraño en la zona. María responde que va a enviar a un efectivo. “Vamos, esta a media cuadra”, me dice. Nos paramos y nos dirigimos a hacer nuestra primera intervención. Toma la Handy, su libreta y la llave de la base. Salimos.

Nos encontramos con el [5]guachimán de la cuadra. Le pregunta por un carro plomo extraño y nos comenta que había uno pero ya se retiró. "Era de un vecino que vendió su departamento y parece que vino a visitar a los nuevos dueños", añade el guachimán. Igual María decide caminar un poco más y anota la placa de un vehículo plomo que estaba estacionado, el único que había en el lugar. Regresamos a la base. Vuelve a llamar el contribuyente y se le informa lo sucedido. “A veces los contribuyentes llaman a felicitarte o a insultarte. No queda de otra; los escuchas… Me pagan por eso (baja el tono de la voz y mira al vacío)”, me dice con voz de resignación.

María coge una libreta pequeña hecha de manera artesanal que tiene en su escritorio (contiene hojas recicladas de distintos colores y con una tapa de cartón de color marrón). “Todas las cosas que pasan las anoto acá. De ahí las paso a limpio en el cuaderno de incidencias”, me indica. Continúa escribiendo cuando se escucha por la Handy el llamado de Centurión a la Base Mayorazgo. “Es el Super, me dice.

-       Adelante Centurión, responde María.
-       ¿Qué novedades? ¿Cómo está la coleguita?, pregunta el Super.
-       Todo bien. Sin novedades.

Termina la comunicación e inmediatamente pregunto a quién se refería con la “La coleguita”. María me comenta entre risas que a mi. Me explica que se comunican por una frecuencia que escuchan todos los serenos y las cinco bases que tiene Ate: Salamanca, Mayorazgo, Zavaleta (es la Central y la más grande), Huaycán y Santa Clara.

El silencio de la noche es interrumpido por ronroneos a decibeles descomunales: [6]piques. Se escucha en la Handy el cruce de información de varios efectivos que termina en la comunicación “recojo a la coleguita de la reja en este momento”, era el supervisor Verástegui. ¡Corre!, me dice María.

Cogí mi cámara y salí corriendo. Eran dos cuadras que me parecieron dos metros. El carro me estaba esperando con la puerta abierta. Subí y arrancó. Llegamos al lugar. Eran cincuenta carros aproximadamente y diez vehículos de Serenazgo con las circulinas prendidas: el sonido era ensordecedor. Los piqueros trataban de irse a toda velocidad. Los perseguimos hasta que salieron del distrito. Pasamos a hacer una ronda por la avenida La Molina: encontramos parroquianos pagando por placer a las chicas de la vida. Después del clásico “circulen, circulen”, continuamos con la breve ronda que culminó sin novedad. Regresamos a la base.

Las horas pasan y el sueño se viene apresando de nosotras. La primera en pestañar fue María. Se quedó dormida cuando estaba pasando la información de su libreta de notas al Cuaderno de Incidencias. En ese instante llamaron a la base. Cuando me prestaba a avisarle, tomó la Handy y respondió el llamado. Terminó y ante mi asombro dijo “Coloco la Handy en dirección a mi oído. Cierro mis ojos pero mis oídos siguen trabajando. Es cuestión de acomodarse y acostumbrarse”.

“Hace más de 18 años en Ate se inició Serenazgo con los varones. Hace aproximadamente nueve años las mujeres. En todo ese tiempo no creo que alguna persona haya podido soportar toda la noche despierta, más aún, porque tenemos otras actividades en el día”, me comenta.  Mientras me habla no puedo mantenerme despierta. Por el sonido brusco de la Handy me despierto y logro escuchar que habían robado un predio. “Entre las dos y cuatro de la madrugada, las personas dormimos profundamente. Esa es la hora que roban las casas”, me dice María.

Las horas continúan y la lucha con Morfeo es cada vez más dura. Ya son casi las 6 de la mañana y estamos por terminar nuestra jornada. María está terminando de llenar el Cuaderno de Incidencias y otros documentos. Solo falta media hora para terminar el turno de doce horas. Empiezan a llegar los serenos del turno que está por iniciar; guardan sus mochilas, lustran sus botas, se colocan la casaca, el chaleco. Es un día frío y nublado como cualquier otro.


[1] Cfr. Tiempo, momento.
[2] Cfr. Juego de cartas que se encuentra en las computadoras.
[3] Cfr. Personas que forman parte de carreras clandestinas de velocidad en distancias cortas.
[4] Cfr. Radio portátil.
[5] Cfr. Vigilante nocturno contratado por las personas del lugar que se encarga de cuidar.
[6] Cfr. Carrera clandestina de carros o motos lineales de velocidad en distancias cortas.


El video que grabé ese día en la móvil



“La gente no sabe pe de uno y el mundo te juzga sin conocerte”


La niñez debería ser jugar, aprender, sentirse protegido y querido. A él lo han cortado y ha cortado. Le han quitado la inocencia a punta de golpes, su fiel compañera ha sido la humillación y ha aprendido el valor de la amistad a machetazos. Hoy en día el Discípulo tiene veintitrés años, trabaja como jalador[1] de combi y es cantante de Hip Hop.



Por: Carmen Kuong

El Discípulo tomando fuerzas
antes de empezar el día de chamba
Cuando conversamos días atrás me dijiste que habías tenido una niñez un tanto difícil, habías vivido en la calle por mucho tiempo…
Mi familia es humilde. Era una vida muy triste porque mi mamá era una mujer que trabajaba vendiendo su cuerpo ¿entiendes? Mi mamá me puso cinco padrastros en el par de años que viví con ella. Cada mes, creo, cambiaba de marido.

Cuántos años tenías
Ocho años.

Eras chiquito
Si. Yo tengo diez hermanos (se atraca en esa frase, tartamudea). A parte somos dos más. Mi hermana Jenny también trabajaba vendiendo su cuerpo. En mi casa vendían droga ¿entiendes? Cada semana venían los tombos[1] a joder. Mi padrastro le pegaba a mi mamá casi todos los días. Venía después de cuatro días. Cuando llegaba a la casa estaba chupeteado y borracho. Le pegaba a mi mamá. Huevadas pe[2] que, puta (le tiembla la voz), yo no me olvido. Ha pasado mucho tiempo pero no me puedo olvidar (le tiembla de nuevo la voz y el pómulo derecho).


En esa época, alguna vez hubo alguna situación terrible que te haya marcado y hasta ahora recuerdes
Si, fue esto (se quita la gorra y me muestra la cabeza. Al inclinarse puedo ver una cicatriz de ocho centímetros aproximadamente que nace donde empieza el pelo y va hacia atrás). Mi padrastro me pegaba demasiado. Una vez cuando estaba construyendo su casa empujó los ladrillos acomodados en columnas altas y filas largas; y me cayó todo encima. Aparte, mi padrastro me pegaba con correa mojada todos los días, me marcaba el cuerpo ¡mira!, tengo cicatrices por acá (me muestra varias cicatrices difícil de descubrir a simple vista por los tatuajes).

¿Por qué te pegaba?
¿Has escuchado esas palabras “La calle es una selva de cemento”? Yo soy un callejero y defiendo lo mío, mi territorio, mi familia. Ellos no pueden quererme pero yo sí los quiero. Entonces veía los maltratos hacia mi vieja, las humillaciones…quería matar a ese pavo pe. A la firme, si me hubieran regalado un cuchillo hubiera terminado en su cabeza o en su pulmón. Juré que cuando creciera lo iba a matar. Al final no le hice nada porque murió en su vejez pe. Se secó, todos sus hijos lo dejaron de lado. Se volvió vagabundo y murió. Mi madre también falleció (breve silencio). Al final me fui de la casa.


Trabaja como "jalador" en la avenida
 La Molina con  Javier Prado
Cuando defendías a tu mamá de tu padrastro, sentías que te respaldaba o te decía: gracias…
No, no, no (interrumpe). Me juzgaba. “Esta mal, no te metas en mi vida. Son mis problemas. ‘Ta[3] bien, eres mi hijo pero no te estoy pidiendo que me defiendas”, me decía ¿entiendes? Me partía el corazón porque uno es hijo. Tengo la sangre de ella y ver a tu madre gritar o (tartamudea) tratar de mantener a (tartamudea de nuevo) diez hijos con siete soles…con miserias. Se me parte el corazón ver tanta mierda.

“Mi mamá cantaba. Tenía talento y lo dejó. Al final se dedicó a tener hijos. Era una mujer muy dejada. Mis hermanos paraban cochinos, buscando comida, basura en los basurales, sin zapatos. Mi hermana Jenny paraba en las cantinas pidiendo plata. Mi otra hermana puteaba en una esquina y mi vieja también. Me partía el corazón. Me desahogaba con la música. La gente no sabe pe de uno, el mundo te juzga sin conocerte ¿no? Yo no la juzgo. Mi vieja fue una buena persona. Como todos tuvo su error pe”, añade.

Decidiste irte de tu casa como a los diez años ¿Qué hiciste en esa época?
Robaba, fumaba, me recurseaba[4], limpiaba carros. Cosas así.

- ¿Cuántos años estuviste en eso?, pregunto.
- Cinco o seis años. Paraba en el puente Trujillo en el Rímac.
- Ah, yo viví un tiempo por ahí. Viví por la fábrica de la Cristal, comenté.
- ¿Así? Si conozco. Tú sabes que hay niños como mierda, pirañitas por todos lados.
- Y que viven al borde del río, digo.
- Yo he sido uno de ellos.

¿Qué es lo más complicado que te ha pasado en esa época?
Como soy callejero, uno tiene malas manías, costumbres. Yo soy recontra florero. Tengo el don de florear a la gente porque soy escritor pe.

“En esa época trabajaba arreglando muebles. Un día llegó un cliente y me pidió que lo arreglara y me pago. Nunca lo hice y lo cerré con la plata. Pasó un tiempo, me buscó y casi me mata”, añade.

¿Eso es lo más cerca que has estado de la muerte?
No, me he cortado las venas, he tomado veneno varias veces. He tratado de ahorcarme pero la soga se rompió (se ríe). Ahora me da risa, me comportaba como un bebé.

¿Fuiste discriminado de chibolo?
Demasiado alucina. Me mechaba[5] a cada rato. Me molestaban por mi cicatriz. Me decían “cabeza de alcancía” (risa de ambos).

¿Cuál es la mecha más fuerte que has tenido?
Con un pavo que se quiso pasar de vivo. Le metí tanto cuchillo, tanto golpe que lo dejé privado.

¿Es lo más cercano que has estado de matar a alguien?
Si pero esa es la regla de la pandilla: tú metes o te meten.

¿Por qué la pandilla?
Amigos pe. Protección en la calle.

¿Buscarías hoy a tu familia?
No los necesito. Creo que solo necesito a Dios y a las personas que me quieren dar amor verdadero. Las que no pueden irse al carajo...



[1] Cfr. Policía.
[2] Cfr. Muletilla.
[3] Cfr. Está.
[4] Cfr. Buscar de una u otra manera dinero.
[5] Cfr. Pelear.



[1] Cfr. Persona que ayuda en los paraderos a los cobradores de combi a llamar a los pasajeros.

Yo te amo, yo tampoco

Por: Carmen Kuong


¡Sí! Acepto
Se hizo mundialmente conocido con
 la inolvidable Norwegian Wood. 
 
“La infidelidad como tal dentro del matrimonio se llama adulterio, es un pecado grave que transgrede toda ley divina y viola el contrato que le da origen. Esto se encuentra en el sexto mandamiento del nuevo testamento y los profetas revelan su gravedad. El problema mayor radica en la disolución del acto conyugal. Es por ello que Pablo VI defendió la indisolubilidad de dos significados o dimensiones del acto conyugal donde una está intrínsecamente en la otra.  Se debe de mantener la unidad de ambos aspectos donde uno con una es para siempre precisamente para darse totalmente cada vez que se entregan en su relación conyugal. Es así que la experiencia de doce años de matrimonio en Argentina es elocuente: el divorcio ha engendrado más divorcios y separaciones, menos matrimonios, más concubinatos, menos hijos por matrimonio, más hijos fuera del matrimonio (un estudio del INDEC establecía que en 1995 el 45% de los argentinos nacieron fuera del matrimonio)”[1].Tal como lo comenta el Padre Fuentes (teólogo de una conocida página web) cada vez se incrementa la infidelidad. 


Esto se da a raíz que hay conceptos modificados del sexo seguro, relaciones prematrimoniales, desprecio a la virginidad que hacen de esas situaciones, propagados por medios masivos de comunicación, algo común y no vista dentro de la sociedad como algo que no debe de ocurrir. Lo que se debe entender es que existe el amor verdadero y exige exclusividad.

Pero en el caso de las personas como Hajime, personaje principal de la novela de Haruki Murakami: Al sur de la frontera al oeste del Sol, quien se enamorará de una amiga de colegio a corta edad y por situaciones de la vida la vuelve a ver hasta quince años después. En todo ese tiempo, él no dejó de pensar en ella y sobretodo no dejó de compararla con cada chica con la que estuvo en el transcurso de todo ese tiempo. Cuando la volvió a ver no dudo y supo que estaba enamorado, que sería capaz de dejar todo lo que tenía hasta ese momento, incluye: esposa, hijas, tranquilidad económica y estatus social, y partir con ella e iniciar todo aquello que él sentía que tenían pendiente.

Haruki Murakami, confeso
admirador de los gatos.
Te quiero pero no te amo
Qué hacer cuando queda un amor pendiente en el pasado (sobre todo en la niñez donde tiene mucho que ver la ilusión). La respuesta podría ser quedarse estancado en el pasado hasta resolver ese pendiente sin iniciar relación alguna o dejarlo solo en el olvido pero en este caso Hajime decidió vivir la experiencia con su amor del pasado y convertirlo en presente. Lo curioso es que la esposa de este enamoradizo personaje fue tolerante a la situación. Decidió esperar a que su marido tuviera una respuesta sobre el fin de su matrimonio o la continuidad del mismo. En el ínterin tuvo pensamientos destructivos llegando a masajear la idea del suicidio.

Por qué sucede la infidelidad
El caso de Hajime es de aquellos no muy frecuentes. Por lo general la infidelidad se ocasiona por diversos motivos entre ellos el enfrentarse a la realidad y dejando descartada la visión idealizada de la pareja. Otro motivo, y muy común dentro del matrimonio, es la monotonía. Por las diversas actividades de ambos y las obligaciones familiares se  deja de lado la vida de pareja. Esto sumado al poco tiempo libre que pueden compartir juntos complican toda situación en la relación. Ahora si a eso se suma algún compañero de trabajo lleno de atenciones o una compañera coqueta abre la puerta a gritos de la infidelidad.
En la actualidad hay casos donde la pareja permite la infidelidad. Pese a que sabe se calla por temor al divorcio. Se llegan a convencer que su pareja necesita situaciones o cosas que capaz no son están capacitadas para cumplir.

Uno a veces no es suficiente
En la actualidad hay muchas personas que consideran la infidelidad como una opción solo de aventura (no ser descubiertos) y se consideran capaces de hacer eso solo una vez y tener el poder de dejarlo. Pero lo cierto es que no es así. En un foro[2] donde el tema es: motivos de la infidelidad, una de las usuarias comentó bajo el seudónimo de Heineke “La infidelidad es un problema que se sale de las manos. En mi opinión creo que tienes razón es el deseo sexual y la seguridad de no ser descubiertos. Yo soy infiel pero mi caso es diferente. Cuando era soltera las cosas no iban bien con mi novio, encontré a otra persona que me hacia feliz y empecé a salir con los 2. Decidí en mal momento casarme pese a que no estaba segura. Ahora me arrepiento porque aunque este casada sigo saliendo con esa persona ya han pasado 3 años. Sé que lo que hago está mal porque yo misma me estoy haciendo daño y le hago daño a otras personas que amo”.


[1] P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. http://www.teologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=243

[2] Foro femenino. http://foro.enfemenino.com/forum/infidel/__f3048_infidel-los-motivos-de-la-infidelidad.html


Sofía Coppola

Por: Carmen Kuong

Sofía Coppola, hija del conocido
cineasta Francis Ford Coppola.
He quedado sorprendida por las películas de Sofía Coppola. Lo primero que capturó mi atención fue la manera de utilizar los diversos tipos de planos para mostrar los sentimientos de la manera más pura y cercana. Es así que se puede observar en planos panorámicos o generales la soledad, en algunos casos, o confusión, en otra, que experimentan los personajes. Esto se evidencia, por ejemplo, en la escena donde Bob Harris (Bill Murray en Lost in translation) juega en un campo de golf donde solo está él o Johnny Marco (Stephen Dorff en Somewhere) conduciendo su auto por distintos lugares donde solo varía el fondo. También recurre a otro tipo de planos que se hacen frecuentes como los planos medios o primer plano. Estos los utiliza para transmitir la tristeza o alegría fingida de los personajes. Ello se puede observar en Lux Lisbon (Kristen Dunst) en una toma donde se encuentra en un auto viendo por la ventana en “Vírgenes suicidas”; Charlotte (Scarlett Johansson) en el tren viendo el paisaje con toques de nostalgia en “Lost in translation” o Cleo (Elle Fanning, hermana menor de la conocida actriz Dakota Fanning) en el auto de su papá en Somewhere.

Charlotte en uno de sus
tantos momentos de soledad.
Las historias tienen un común denominador y es el sentimiento de vacío o soledad que sienten sus personajes principales en los sucesos en los que se ven envueltos. Jonny Marco en Somewhere, conocido actor y soltero, lleva una vida de desenfreno y excesos. En él cabe perfecto el conocido dicho “pobre niño rico”. Asimismo las conocidas hermanas Lisbon, Vírgenes Suicidas, viven reprimidas por sus padres que no entienden a sus hijas. Ellas desean salir, compartir con chicos de su edad y vivir una adolescencia como todos. Pero no sucede y tratan de acostumbrarse a convivir con el sentimiento de vacío constante. Ese vacío también lo experimenta Charlotte quien acaba de terminar su carrera y se encuentra en Tokio por el trabajo de su esposo. Él no le dedica mucho tiempo por lo que Charlotte no solo se siente confundida sino sola. En uno de sus interminables ratos libres conoce al conocido actor Bob Harris que se encuentra en Tokio filmando un comercial de whisky. Él también está pasando por una situación, la monotonía de su relación y sus viajes están deteriorando su matrimonio. Lo anecdótico de esa escena es que nació a partir de un comercial que filmó en los años 70 su padre, el conocido director y productor de cine Francis Ford Coppola, en Japón. El comercial era de whisky Suntory y fue dirigido por Akira Kurosawa.

Lo agradable de estas tres películas es que son ligeras y fáciles de entender. Los sucesos son bien definidos durante la historia. Pueden ser tristeza, soledad e incomprensión pero logra darle un giro exponiendo escenas cortas pero intensas totalmente contrarias a lo mostrado hasta ese momento. En dichas escenas muestra sentimientos plenos de cariño o aprecio a través de un beso dulce, una sonrisa sincera y transparente o un viaje a la libertad. Esto conlleva a que el espectador al final de la película termine con una sonrisa o pensando: todo estará mejor.

Sofía Coppola, actriz, guionista, directora estadounidense nacida el 14 de mayo de 1971, ha estado ligada al cine desde muy chica. Desde pequeña su padre la hizo participar en ese mundo mágico. Su primera aparición en un set de filmación fue cuando era un bebé en “El Padrino”. El papel más conocido fue el de Mary Corleone en “El padrino. Parte III”. Ganadora de un premio Óscar a mejor guión original por “Lost in Translation” así como nominada a Mejor dirección, convirtiéndose en la primera mujer estadounidense nominada en esa categoría. Ha obtenido otros premios siendo el más reciente (2010) el León de Oro del Festival de Venecia por la película Somewhere.


jueves, 8 de diciembre de 2011

Guerra a la luz de las velas

Por: Carmen Kuong


Cuando leí el título del libro lo primero que vino a mi cabeza fueron los terribles años 80 que se vivieron en el Perú, en mi caso en Lima, donde la luz eléctrica en las noches, el silencio y la tranquilidad de pasear por un parque solo eran sueños lejanos. Sentí que no me equivoqué porque hay varios cuentos ligados a ese tema desde distintos puntos de vista. Es así que al leer “El Huayco” sentí pena por los pequeños, cólera por los abusos y molestia por la lejanía de las personas o instituciones que no velaron por su seguridad y desarrollo. Tan pobre era la expectativa de vida de las personas, que pasar por la “universidad”, penal cercano al barrio, era casi una norma a cumplir.

De igual modo, hay dos historias más que abordan ese tema: “Lima, Perú 28 julio 79” y “Guerra a la luz de las velas” aunque de puntos de vista distinto. En estos dos cuentos se deja en evidencia la necesidad que tenía un grupo de personas por ser escuchadas sus peticiones. Lamentablemente lo hicieron a través de la violencia. La descripción de los personajes, escenas y entorno son tan buenos que es fácil entender o imaginarse las distintas escenas. Un ejemplo de ello, es lo sencillo que se hace imaginar la cara del policía (en “Lima, Perú 28 julio 79”) al darse cuenta que el chico con el que estaba hablando amablemente no era más que otro “camarada” mata perros. De igual manera es fácil imaginarse en Guerra a la luz de las velas tanto la cara como el entorno por el que debió pasar Fernando al transportar a su camarada por las callejuelas de Lima a un nuevo refugio para evitar ser descubierto.

Pero las situaciones aparentemente cambian al leer: Ciudad de payasos, El señor va montando sobre una nube veloz, El visitante, Sobre la ciencia de estar solo. En estos cuentos el contexto puede ser distinto, pero los parámetros de luchar para salir adelante y encajar en una sociedad que los rechaza (el que tiene más rechaza al que tiene menos) persisten. Es por ello que se puede encontrar en “Ciudad de payasos” al Chino, Óscar Uribe, joven periodista que intenta salir adelante. Él se gana el respeto de su comunidad, pero no olvida los rechazos y maltratos que pasó de pequeño por parte de su padre, compañeros de clase quienes no dudaron en hacer evidente su malestar o indiferencia. Es así que el Chino, sin querer o queriendo, también se une al grupo de discriminadores. En su caso, la víctima fue “la Carmela”. La excusa: ser morena, vivir en la Victoria o por el odio de saber que fue la amante de su papá.

En ese sentido, en suicidio en la Tercera Avenida, se habla sobre el deseo de encajar y ser reconocido como lo que es. La paciencia y amor de David por su novia hace que tenga la paciencia de tolerar el hecho de no ser presentado a la familia como novio oficial por no ser de la India, situación que hace complicada la relación con Reena dado que lo adecuado, según sus costumbres, es que se case con alguien de su propio país y con cierta cantidad de dinero.

El visitante es otra historia que me cautivó por los deseos de salir adelante pese a las  necesidades, pérdidas materiales o de familiares. No importó que tan complicado pudo ser igual seguían luchando por mejorar la situación que estaban viviendo. Caso contrario se puede considerar a Miguel, personaje principal de “Sobre la ciencia de estar solo”, quien vive enamorado de Sonia. Producto del amor que un día se profesaron nació Mayra. Pero la historia amorosa entre ambos se ve quebrada por el estado de letargo que vive Miguel, no hace mucho por mejorar su situación económica, y el deseo inquebrantable de Sonia por salir adelante.


Corre si puedes

Por: Carmen Kuong

Al despertarme aquella mañana de diciembre, jamás imaginé lo importante que iba a ser. Como siempre decidí vestirme con jean, polo, chompa y sandalias. Al salir de mi casa noté que la temperatura estaba bajando y regresé a cambiarme: zapatillas era una mejor opción.

Adriana Dávila, hoy en día arquitecta .
Mi día transcurrió como lo había pensado: ir al trabajo y en la noche a un partido de futsal en la Videna. Allí me encontré con Adriana (una amiga y en ese momento una compañera de la selección de fútbol) y me comentó que era el baby shower de una deportista, ex integrantes de una de las tantas selecciones de fútbol. La reunión iba a ser en el Rímac, en la casa de la madrina del bebé.

Sin pensarlo, ya tenía una fiesta más tarde, le dije que no tenía inconvenientes y la acompañaría pese a que había visto, no hace mucho, noticieros, programas dominicales y reportajes que informaban acerca del alto grado de delincuencia en Lima. El modo en que operaban era increíble y entre los distritos con alta tasa de peligrosidad estaba el Rímac.

Cerca de las ocho de la noche, salimos de la Videna a la Avenida del Aire y decidimos tomar un taxi. Ya en el carro, noté que el taxista había decidido tomar una ruta, para mi gusto, algo peligrosa. Le increpé y le pedí que tratara de no parar salvo en los semáforos y que mantuviera cierta velocidad para poder evitar cualquier intento de robo, ya que estábamos pasando por los Barrios Altos y ese distrito es, a mi punto de vista, más peligroso que el Rímac. Era como meterse a la boca del lobo.

Seguíamos el camino cuando a lo lejos pudimos distinguir la cúpula que se encuentra en la Plaza de Acho, lo que hizo que me sintiera más tranquila. En ese momento, el taxista tomó una avenida que cuadras después nos llevaría a la puerta de nuestro destino. Pero no avanzamos mucho por esa avenida cuando el taxista decidió girar a la izquierda y luego a la derecha, lo que llamó mi atención. Adriana, que se encontraba sentada detrás de él, giró y me miró como preguntándome: ¿Qué esta haciendo? De inmediato le increpé y lo único que atinó a decirme, mientras me miraba por el espejo retrovisor,  fue “disculpe señorita pero por acá es más libre”. Giré y le dije a Adriana: este tipo está loco. En ese momento ya estaba muy preocupada porque sabía que la avenida que había elegido el taxista era muy peligrosa. Justo cuando andaba mirando a todos lados, Adriana tuvo la ocurrencia de sacar el celular con una mano, mirar la hora y con la otra mano pagarme porque me debía plata.

Por un segundo, al sacar mi billetera, perdí la vista el camino. Tenía todavía la billetera en la mano, cuando el taxista bajó la velocidad, giró a la derecha (para entrar de nuevo a la avenida de la cual nunca debió salir) y de la nada apareció un chico corriendo a toda velocidad en dirección a “nuestro taxi”. El muchacho no dudó en lanzarse por la ventana del copiloto, la luna estaba baja, logrando su cometido. En ese momento empezó una lucha entre el ladrón, que tenía la mano en la llave del carro, y el taxista que trataba de evitar que le apague el carro. Solo atiné a decirle al taxista, mientras golpeaba su asiento, que acelerara porque noté que venían corriendo cinco personas más en dirección al taxi. Solo pensé: si salimos del carro perdimos. Al acelerar, el taxista perdió el control del carro, soltó la llave para poder girar el timón y evitar chocar contra un poste.

Se me congeló la sangre, el ladrón logró apagar el carro. En un segundo, estábamos rodeadas de varias personas que “bolsiqueaban” al taxista e intentaban abrir la puerta por el lado de Adriana, quien luchaba para evitarlo. Giré rápidamente y vi a uno de los ladrones abriendo mi puerta. Lo único que hice fue girar, entregarle mi billetera que la tenía en la mano y Adriana le dio su celular. Cuando el tipo salió del taxi para ver los objetos, Adriana y yo bajamos por esa puerta. Ante una voz que ordenó: ¡cójanlas!, ¡cójanlas!, partimos la carrera. Corrimos como nunca, a toda velocidad y sin mirar atrás.

Dos cuadras después paramos al ver que no nos seguían. En ese momento y con la adrenalina a mil, miré a Adriana y solo atiné a decirle: casi vengo en sandalias. Adri solo me miró y se rió.