domingo, 5 de noviembre de 2017

Que duro golpe: Paolo dio positivo

Nunca vi a Perú en un repechaje mucho menos tan cerca al mundial y sucede esto. Bueno creo en ti Paolo, en tu historia de superación y en lo Guerrero que eres. Hoy te doy el beneficio de la duda. 

Recuerdo un reportaje a Claudio en Alemania en su casa. Él ya era figura y justo pasó un chibolo (en pleno reportaje) de pelo corto y muy tímido. Claudio comentó que era peruano había jugado en Alianza y estaba en las menores del Bayer: Paolo. 

Todavía recuerdo como lo odie en ese partido en Uruguay donde nos metieron 6 por las Eliminatorias a Sudáfrica. Pensé: ¡Chibolo cojudo! ¡Gritaba porque lo expulsen! Recuerdo a Solano empujando a Paolo para que no siga fastidiando al árbitro. Al final lo expulsaron. Equipo de Chemo 2012.

Tuve que esperar hasta el 2014 (época de Markarián), también partido contra Uruguay pero esta vez en el Nacional de Lima, para ver un Guerrero más cuajado, más líder, con mejor manejo de la presión. En ese partido tuvo un corte, salió y luego entró para seguir luchando. Hasta el final del partido lo intentó. Ese partido sí que dolió.

En este clasificatoria solo le puedo decir gracias. Esas gracias son por muchas cosas como por devolverme el deseo de ir al estadio, de ponerme la bicolor, de creer en el equipo que lideras. No voy a ser como muchos que hoy te dan con palo. 


Yo no me olvido de las cosas que has hecho, de lo mucho que has luchado, lo que has dado por el equipo de todos, las veces que “hemos peleado” y los goles que hemos gritado…simplemente por habernos devuelto el sueño de estar en un mundial.




miércoles, 22 de marzo de 2017

El terrible despertador llamado huaico

Cuando la típica música o el ki-ki-ri-rí del gallo quedan reemplazados por el ruido ensordecedor de piedras que se van golpeando entre sí mientras se "alimentan" de todo lo que encuentran a su paso.


Por: Carmen Kuong.
Fotografías: Leslie Alarcón.


Vallecito es un lugar que queda en el límite entre Huarochirí y Chosica cerca a los Girasoles.

Piedras del material que trajo y dejó el huaico
Luego de una increíble travesía en moto pude llegar a Vallecito acompañada de Leslie Alarcón, una buena amiga BOER[1]. Me habían comentado que en ese lugar no había llegado mucha ayuda. Al llegar la señora Liduvina Montañés Matamoro fue la primera en conversar con nosotras y nos comenta que en el lugar cayeron 2 huaicos el miércoles 15 de marzo. El primero bajó a las 3pm de poca cantidad y el otro en la noche y fue fuerte. Ello dio por resultado 5 familias, con las que pudimos conversar, y que se han quedado solo con lo que tenían puesto. Al caminar por la zona nos encontramos con personal de Caritas-Chosica que nos comentó de 5 familias más que están en circunstancias parecidas con las que conversamos (en zonas distintas a las que habíamos ubicado). Continuamos caminando y viendo si habían más familias damnificadas. En ese caminar varios pobladores nos indicaron de 5 familias más. En total son 15 familias que lo perdieron todo. Asimismo, pudimos obtener algunos datos complementarios. En el lugar hay aproximadamente 220 niños, dos mujeres embarazadas y pudimos conversar con una de ellas que nos indicó que, según sus controles, debería dar a luz el lunes que viene y todo lo que tenía para la bebe el huaico se lo arrebató.


Solo quedó la entrada donde había cuatro casas

En ese caminar pudimos conversar con Doña Virginia León quien comentó que el día empieza muy temprano recolectando las maderas que trajo el huaico. Luego retoma la limpieza del terreno con las pocas herramientas que tiene. Todo ello es con la intención de poder levantar nuevamente un lugar donde poder dormir.


Cuando vienen a dejar donaciones de ropa yo les digo a mis hijos que solo tomen dos cosas porque los demás también necesitan. Lo mismo con el agua y la comida, solo lo que necesitamos. Además no nos podemos quejar porque distintos grupos están viniendo con agua y comida”, nos comenta la señora León.

- Entonces qué es lo que necesita en estos momentos con más urgencia, pregunto.
- Picos o palas y si tuviera una carpa. Quiero levantar de nuevo mi casa. Me preocupa no tener un lugar donde estar con toda mi familia más aún porque ya empieza el colegio.

Uno de los vecinos, que está dentro del grupo de aproximadamente 8 personas, nos interrumpe.

- Señorita yo soy gasfitero y albañil. Quiero poder levantar todo de nuevo pero no tengo trabajo. Le dejo mi número por si sabe de alguien que necesita, comenta.
- ¿Tiene algún número telefónico?
- No tengo tarjetas ni nada pero se lo puedo anotar.
- ¡Claro! Así lo puedo dejar en la ferreterías de Chaclacayo pero trabaja bien ¿no?, bromeo.
- Claro que si. Soy buenísimo (todos reímos por la mirada pícara). Mi número es 998069845 y mi nombre es Dionisio Rocha Cabana.


El huaico se llevó todo lo que encontró a su paso
El día de mañana voy a ir para allá con los BOER y el personal de World Vision[2] (que van a llevar donaciones). El día viernes espero poder regresar con unas amigas con más ayuda y de hecho son bienvenidas todas las personas que deseen. Luego, la intención, es ir a Santa Eulalia, Barba Blanca y Huinco que no están recibiendo mucha ayuda que digamos y averiguar cuál es la situación y qué es lo que necesitan.


Mi recomendación, a todas aquellas personas que desean ayudar y que tienen el tiempo, es no solo enfocarse en los lugares que aparecen en la televisión debido a que, lamentablemente en emergencia, hay lugares que no han podido ser atendidos por la cantidad de sitios que requieren ayuda. Lo que sugiero es comunicarse al COE[3] distrital para saber hacia dónde pueden canalizar la ayuda y sobre todo saber qué es lo que necesitan. La otra opción es indagar con alguna amistad que viva cerca a la zona de la emergencia. Hay personas que ya tienen ropa, comida y agua pero no tienen donde dormir ya que en lugar de su cama solo hay lodo y piedras como el caso de la Sra. León.

Por otro lado, es importante no olvidar a los niños y niñas. El panorama ha cambiado para ellos así como sus juguetes que ahora son botellas vacías y sucias. Tampoco perdamos de vista a los adultos mayores. He podido ver a varios sentaditos, solo observando porque el terreno es complicado de andar. No nos olvidemos de los fieles compañeros: las mascotas. En sus pequeños y delgados cuerpos todavía se puede ver el lodo seco. 

Así quedó el camino de ingreso a Vallecito

Finalmente, si no saben qué donar les pido tener en cuenta no solo ropa para adultos y niños, comida, agua sino también hay otras cosas como

  1. Carpas.
  2. Sacos terreros.
  3. Picos / palas.
  4. Juguetes.
  5. Ropa para bebes, pañales y leche.
  6. Repelente.
  7. Alimento para perros y/o gatos.
  8. Ollas y cocinas pequeñas (combustible para que funciones porque la población se estaba organizando para hacer ollas comunes).
  9. Velas y fósforos.
  10.  Víveres no perecibles.
Hay varias opciones y si pueden ayudar con una sola cosa es bastante para aquellas personas que hoy en día no tienen nada. Hay mucho por hacer y muchos lugares por ayudar. Hagamos eso posible y en lo que les pueda ayudar cuenten con ello.
 
PD. Aprovecho en agradecer a Jacqueline Olmedo por prestarnos su moto que terminó siendo muy guerrera. También a María Angélica por coordinar con Marcel para que nos preste su moto (pronto operativa) porque con ello nos están ayudando a poder llegar a esos lugares donde es difícil acceder y de manera “rápida”.




[1] Cfr. Brigada Operativa para Emergencia y Rescate.
[2] Cfr. Organización cristiana  de acción social, enfocada en la protección y el desarrollo del potencial de los niños y las niñas como agentes de cambio.
[3] Cfr. Centro de Operaciones de Emergencia

jueves, 2 de mayo de 2013

Gritos silenciosos


Venía escribiendo, estaba muy avanzado el texto y no lo guardé. Ahora me veo obligada en tratar de recordar y empezar a escribir todo de nuevo. Puedo ver el lado positivo: solo debo recordar y mejorar lo escrito. Ya tengo algo más que un punto de partida. El lado negativo: la sensación de haber avanzado y por una negligencia volver al inicio.

Algo parecido ha pasado con nuestra amistad. La única diferencia es que siento pena por no continuar y tener que empezar de nuevo. Se dice por ahí que si es verdadera amistad por más problemas, distanciamientos o diversas situaciones se conversa, los problemas se arreglan y las cosas fluyen.

No sé si este es el caso pero quisiera que sea factible porque la verdad es una: te extraño. Estos seis meses sin vernos de los cuales los últimos cuatro perdimos todo contacto han sido fatales. Es curioso que a veces olvide hasta mi cumpleaños pero hoy en día tenga muy presente hace cuánto tiempo no nos vemos o conversamos.

Contigo fueron las despedidas más largas.
Contigo mis días en Lima, mis noches y tardes fueron lindas.
Contigo un café era sinónimo de larga conversación hasta el clásico “señoritas, vamos a cerrar”.
Contigo la salsa tiene un swing diferente y especial.
Contigo la palabra intensidad describe mucho.
Contigo las risas estaban a flor de piel.
Contigo sabía mis errores.
Contigo sabía que iba a sanar.

Hoy en día no sé qué va a pasar con nuestra amistad. No sé si nos volveremos a ver, hablar o escribir. Lo único que tengo claro es que no tengo la menor idea de cómo hacer contacto y qué decir. Considero que hay muchas disculpas de por medio pero no sé cómo empezar. Realmente me importas y por lo pronto guardaré el documento mientras te llamo a gritos silenciosos.


viernes, 9 de diciembre de 2011

El canchero del futsal


Para iniciar un partido de futsal se necesitan dos árbitros, dos equipos, un terreno de juego y el infaltable señor canchero. Sin Luis Arias Miranda las tribunas no gozarían y el futsal no sería el mismo.


Por: Carmen Kuong.

É
l, su bolsa grande de color azul repleta de canchita[1] y su voz ligeramente ronca nos dan la bienvenida al coliseo de futsal de La Videna. “Es muy alegre y de buen carácter. Siempre te pasa la voz y se lleva bien con todos”, comenta una deportista e hincha del futsal. Así es Luis  Arias Miranda más conocido como el señor canchero o cancha.  Al ingresar el equipo de varones de una conocida universidad limeña, como si fuera parte del protocolo antes de un partido, se acercan a saludarlo. Él los llama a cada uno  por su nombre o sobrenombre y empieza a contarles los pormenores del partido anterior.

El 27 de octubre de 1952 en un partido U - Sport Boys
se inaugura el Estadio Nacional con él como vendedor
 
El tiempo parece pasar por todos menos por él. Se inició, a los ochos años, en la corrida de Toros vendiendo coco y maní. Ha recorrido todo escenario deportivo que le han permitido. Conoce a muchas deportistas y se le infla el pecho al hablar de ellas y ellos como si se tratara de alguno de sus cinco hijos. “El voley y el fútbol han sido mis deportes engreídos. He estado en el Circuito Santa Rosa, Hípica, Campo de Marte, Karate, Box, corrida de Toros pero nada como el coliseo Dibós o el Estadio Nacional. Iba a cada partido de voley. “Ahí conocí a Cecilia Tait, Cenaida Uribe por hablarte de las más tías. También conozco a las más chibolas como las matadorcitas. Mi chochera es Lizeth Sosa. La conozco desde que tenía ocho años. Ahora cuando me ve, se me acerca y nos ponemos a conversar. Todas son muy lindas. Imagínate, con la selección de voley hasta he viajado. Pero nada como los laberintosos[2] del fútbol”, comenta.

Un cliente se acerca y le pide una canchita. Ha dejado descansar el bolsón grande de color azul (en un pequeño lugar dentro del coliseo de Videna) y tiene en el brazo una bolsa pequeña de color amarillo que la lleva en un brazo. En el otro brazo lleva una caja cortada por la mitad que finge de azafate, donde lleva las papitas, habas y maníes. “Espérame aquí. Siéntate en la banca ahorita regreso. Aprovecha que hay un buen partido”, me dice mientras se acerca a vender alguno de sus productos.

Con 59 años en el
mercado , es el
vendedor más antiguo de
nuestro país
“Si gana el equipo verde se tumba a la selección de la ACJ que es el equipo campeón”, me dice mirando el partido e intentando sentarse al mismo tiempo. Los ojos no los puede sacar del terreno de juego, los jugadores lo tienen hipnotizado. Trata de concentrarse en el partido, en lo que dice y en vender pero le gana el partido. Un ruido ensordecedor irrumpe en el lugar. Alrededor de 80 personas gritando a una sola voz ¡Gol! “Ese gol me hace acordar a un partido en el Estadio Nacional entre la U y Huaral en aquella época cuando se jugaban tripletes[3]. Imagínate, estadio lleno. Por aquel entonces, vendía tanto que tenía que contratar ayudantes. Ese día entre todos vendimos 24000 paquetes de canchita ¡Todo un record!”, comenta con la voz entre corta por la falta de aire.

Unas personas sentadas un par de gradas más abajo giran y le pasan la voz. Él les hace un gesto con la mano indicándoles que vengan. Al acercarse los chicos le gastan un par de bromas. Todos nos reímos y él, que tiene esa picardía propia de las personas que viven en la rica Vicky[4], se mata de la risa. “Me la hiciste pues sobrino. Qué deseas, ando conversando”, comenta tratando de devolver la broma. ¡Grave error! Estos chicos son de temer. Bromas van, bromas vienen. Llegan por todos lados, parecen nunca parar. Él es el punto pero no se pica[5]. Al contrario, aprovecha el momento y empieza a vender. “Así es acá siempre. Capaz no los conozco a todos pero si me ubican. Hago que se sientan cómodos y es ahí donde vendo. Todo siempre con respeto”, dice mientras está alcanzando a una niñita un paquete de habas.

“Así como ves a las personas acá súper bromistas; los futbolistas y futsalistas son igual de laberintosos. En la época que vendía en los entrenamientos en Matute, conocí a Cueto, Cubillas, Perico León. También conocí a Susoni (toma una pausa y respira hondo), Tomasini y todos los finaditos. Eran muy buenos…que pena que partieron”, comenta mientras del bolsillo delantero de su mandil color naranja saca un papel para secarse el sudor. “Había un negrito muy lindo que jugaba muy bien. Siempre terminado su entrenamiento iba y le limpiaba el carro a Waldir Sáenz. A veces se me acercaba y le invitaba papitas, canchita o lo que me pidiera. Era todo un caballerito”, añade.

-¿Quién era?, pregunto.
- Jefferson Farfán- responde.

Con un gesto de resignación continúa diciendo que el zambito cambió. Ese cambio lo atribuyó a Melissa, ex esposa de Farfán.

-Una vez me lo encontré en Videna. Él había terminado de entrenar-, comenta.
- ¿Qué paso, te reconoció?-
- Si, me dice muy emocionado. Se me acercó, me saludó y en esa ocasión me regaló cien      dólares-.
- Por qué dices que Melissa lo cambió, pregunto.
- Porque en una ocasión, estábamos en Matute y me llamó para comprarme canchita. Me pagó con un billete grande. Me dijo que me quedara con el vuelto pero ella se fastidió y le reclamó.
- ¿Qué hizo él?, pregunté.
- No supo que hacer. Me guiñaba el ojo diciendo no le hagas caso pero me fastidió la actitud de ella. Así que saqué todo mi sencillo y le di su vuelto.

Un grupo de chicas ingresan al coliseo (como parte de la barra de un equipo universitario). Entre silbidos coquetos, susurros al oído, miradas atentas y  sonrisas de lado. Un chico, muy valiente dada la situación, se acerca decidido. Parece que conoce a una de las señoritas por los pasos seguros que da al andar. Se va abriendo paso y se dirige a una de ellas. Ella sin saber que hacer se queda paralizada. El chico se detuvo casi a un metro.

-Mamacita ¡Que rica que estás!”, dijo.

El sr Canchero se paró y se adelantó a los chicos, enamorado, amigos y familiares, que acompañaban a las señoritas. -Rica y fresquita está la canchita, maní, habas. Un Sol cualquiera ¿Qué te doy?-, dijo. Las risas se hicieron escuchar disolviendo el momento tenso. El joven solo atinó a sacar una moneda, coger una bolsa de canchita e irse.

“Hoy a mis 68 años me e vuelto a enamorar perdidamente: El futsal me ha cautivado. Mis hijas me reclaman por qué no paro en casa. Quieren que me siente a ver televisión y para que no me aburra me ponen fútbol o futsal pero no es igual. Me paro y les digo que tengo que trabajar. Cojo mi bolsa con las canchitas ya empaquetadas y me voy al coliseo. Ahí conozco a todos y sino igual me pongo a conversar y a vender ¡Total! Todos estamos ahí por lo mismo: el futsal”, finaliza el sr. Canchero.


[1] Cfr. Palomitas de maíz
[2] Cfr. Bromistas.
[3] Cfr. Tres partidos seguidos de distintos equipos.
[4] Cfr. Distrito de La Victoria.
[5] Cfr. Molestar.

Una noche nada serena


Una noche cualquiera es estar en casa viendo televisión, leyendo, haciendo trabajos o durmiendo. En La Base Mayorazgo de Serenazgo de Ate la noche toma otro sentido, otro ritmo, otro rumbo dejando de lado la pasividad del descanso y cediendo el paso a un modo diferente de “pasar” la noche.


Por: Carmen Kuong

Antes no era más que un terral, un lugar perfecto donde noche a noche entraba en una disputa de anónimos por convertirlo en un baño público, nido de amor, aeropuerto de chicos sin aviones o en todas esas cosas juntas. Hoy es La Base Mayorazgo.

Jefe Verástegui. Se inició como "Sereno" a los 22 años.
Hoy tiene 38
“Pasa, justo acaba de llegar el Supervisor”, me comenta María Vargas con una voz amable mientras me abre la puerta de fierro negra. Es una chica trigueña, pequeña, un metro cincuenta aproximadamente. Lleva el pelo sujetado por una cola que la hace ver ordenada. Subimos las escaleras y me dice “hoy es un día tranquilo. Así que creo que vamos a tener tiempo de conversar. Por ahí nos podemos dar un [1]sajiro y dormir un ratito (risas)”.

Ingresamos a una oficina amplia con pocos muebles que da la sensación de ser más grande de los ocho metros por trece que tiene. “Hola, cómo estás”, me dice el Super (como lo llama María al Supervisor) al mismo tiempo que deja de lado el [2]solitario que viene jugando en la PC. “Todo bien gracias”, respondo mientras le estrecho la mano con una amable sonrisa.

-A ver cuéntame, en qué consiste tu trabajo, en qué te puedo ayudar- comenta.
- Hoy voy a ser una Serena. Así que a sus órdenes jefe-, le respondo.

El Supervisor sonríe mientras se coloca una casaca (la misma que tiene María) y además un chaleco que entre otras cosas tiene una solapa con su apellido: Verástegui.

Toma su gorra, está listo para salir. Me comenta que está esperando que venga su móvil para poder ir a revisar los distintos puntos de la zona que tiene a su cargo. “La primera vez que María llegó a esta Base fue hace dos meses. Para relajarla un poco la llevé al campo (referencia de la calle). Esa vez fueron los [3]piqueros. Así que como hoy es jueves si hay piqueros te llevo para que veas cómo es el trabajo afuera”, me dice. Sonrío, estoy más que feliz. Viene la móvil y se va.

Me siento al frente de María que está terminando de comer su Arroz Chaufa. En eso, el silencio se interrumpe por una voz a través de la [4]Handy que tiene al lado.

-       Móvil 11 Zavaleta, se escucha una voz de mujer.
-       2, responde una voz de hombre.
-       Móvil 11, en el parque 7 Sol de Vitarte libando licor. Cuatro ebrios haciendo disturbios.
-       10, responde la voz de hombre.

Al ver mi cara de desconcierto, María me explica que en la base se manejan por códigos para hacer más rápida la comunicación. Para que pueda entender me comenta que 2 significa adelante y 10 afirmativo. "Cuando llaman a la base primero dicen el nombre de la base y después quién llama. Por ejemplo Mayorazgo Zavaleta. En ese caso sería la Base Central Zavaleta la que estaría llamando", me comenta.

En el escritorio de María veo un par de teléfonos que son los que utiliza cuando llaman los contribuyentes. Timbra, es un contribuyente manifestando la presencia de un carro plomo extraño en la zona. María responde que va a enviar a un efectivo. “Vamos, esta a media cuadra”, me dice. Nos paramos y nos dirigimos a hacer nuestra primera intervención. Toma la Handy, su libreta y la llave de la base. Salimos.

Nos encontramos con el [5]guachimán de la cuadra. Le pregunta por un carro plomo extraño y nos comenta que había uno pero ya se retiró. "Era de un vecino que vendió su departamento y parece que vino a visitar a los nuevos dueños", añade el guachimán. Igual María decide caminar un poco más y anota la placa de un vehículo plomo que estaba estacionado, el único que había en el lugar. Regresamos a la base. Vuelve a llamar el contribuyente y se le informa lo sucedido. “A veces los contribuyentes llaman a felicitarte o a insultarte. No queda de otra; los escuchas… Me pagan por eso (baja el tono de la voz y mira al vacío)”, me dice con voz de resignación.

María coge una libreta pequeña hecha de manera artesanal que tiene en su escritorio (contiene hojas recicladas de distintos colores y con una tapa de cartón de color marrón). “Todas las cosas que pasan las anoto acá. De ahí las paso a limpio en el cuaderno de incidencias”, me indica. Continúa escribiendo cuando se escucha por la Handy el llamado de Centurión a la Base Mayorazgo. “Es el Super, me dice.

-       Adelante Centurión, responde María.
-       ¿Qué novedades? ¿Cómo está la coleguita?, pregunta el Super.
-       Todo bien. Sin novedades.

Termina la comunicación e inmediatamente pregunto a quién se refería con la “La coleguita”. María me comenta entre risas que a mi. Me explica que se comunican por una frecuencia que escuchan todos los serenos y las cinco bases que tiene Ate: Salamanca, Mayorazgo, Zavaleta (es la Central y la más grande), Huaycán y Santa Clara.

El silencio de la noche es interrumpido por ronroneos a decibeles descomunales: [6]piques. Se escucha en la Handy el cruce de información de varios efectivos que termina en la comunicación “recojo a la coleguita de la reja en este momento”, era el supervisor Verástegui. ¡Corre!, me dice María.

Cogí mi cámara y salí corriendo. Eran dos cuadras que me parecieron dos metros. El carro me estaba esperando con la puerta abierta. Subí y arrancó. Llegamos al lugar. Eran cincuenta carros aproximadamente y diez vehículos de Serenazgo con las circulinas prendidas: el sonido era ensordecedor. Los piqueros trataban de irse a toda velocidad. Los perseguimos hasta que salieron del distrito. Pasamos a hacer una ronda por la avenida La Molina: encontramos parroquianos pagando por placer a las chicas de la vida. Después del clásico “circulen, circulen”, continuamos con la breve ronda que culminó sin novedad. Regresamos a la base.

Las horas pasan y el sueño se viene apresando de nosotras. La primera en pestañar fue María. Se quedó dormida cuando estaba pasando la información de su libreta de notas al Cuaderno de Incidencias. En ese instante llamaron a la base. Cuando me prestaba a avisarle, tomó la Handy y respondió el llamado. Terminó y ante mi asombro dijo “Coloco la Handy en dirección a mi oído. Cierro mis ojos pero mis oídos siguen trabajando. Es cuestión de acomodarse y acostumbrarse”.

“Hace más de 18 años en Ate se inició Serenazgo con los varones. Hace aproximadamente nueve años las mujeres. En todo ese tiempo no creo que alguna persona haya podido soportar toda la noche despierta, más aún, porque tenemos otras actividades en el día”, me comenta.  Mientras me habla no puedo mantenerme despierta. Por el sonido brusco de la Handy me despierto y logro escuchar que habían robado un predio. “Entre las dos y cuatro de la madrugada, las personas dormimos profundamente. Esa es la hora que roban las casas”, me dice María.

Las horas continúan y la lucha con Morfeo es cada vez más dura. Ya son casi las 6 de la mañana y estamos por terminar nuestra jornada. María está terminando de llenar el Cuaderno de Incidencias y otros documentos. Solo falta media hora para terminar el turno de doce horas. Empiezan a llegar los serenos del turno que está por iniciar; guardan sus mochilas, lustran sus botas, se colocan la casaca, el chaleco. Es un día frío y nublado como cualquier otro.


[1] Cfr. Tiempo, momento.
[2] Cfr. Juego de cartas que se encuentra en las computadoras.
[3] Cfr. Personas que forman parte de carreras clandestinas de velocidad en distancias cortas.
[4] Cfr. Radio portátil.
[5] Cfr. Vigilante nocturno contratado por las personas del lugar que se encarga de cuidar.
[6] Cfr. Carrera clandestina de carros o motos lineales de velocidad en distancias cortas.


El video que grabé ese día en la móvil



“La gente no sabe pe de uno y el mundo te juzga sin conocerte”


La niñez debería ser jugar, aprender, sentirse protegido y querido. A él lo han cortado y ha cortado. Le han quitado la inocencia a punta de golpes, su fiel compañera ha sido la humillación y ha aprendido el valor de la amistad a machetazos. Hoy en día el Discípulo tiene veintitrés años, trabaja como jalador[1] de combi y es cantante de Hip Hop.



Por: Carmen Kuong

El Discípulo tomando fuerzas
antes de empezar el día de chamba
Cuando conversamos días atrás me dijiste que habías tenido una niñez un tanto difícil, habías vivido en la calle por mucho tiempo…
Mi familia es humilde. Era una vida muy triste porque mi mamá era una mujer que trabajaba vendiendo su cuerpo ¿entiendes? Mi mamá me puso cinco padrastros en el par de años que viví con ella. Cada mes, creo, cambiaba de marido.

Cuántos años tenías
Ocho años.

Eras chiquito
Si. Yo tengo diez hermanos (se atraca en esa frase, tartamudea). A parte somos dos más. Mi hermana Jenny también trabajaba vendiendo su cuerpo. En mi casa vendían droga ¿entiendes? Cada semana venían los tombos[1] a joder. Mi padrastro le pegaba a mi mamá casi todos los días. Venía después de cuatro días. Cuando llegaba a la casa estaba chupeteado y borracho. Le pegaba a mi mamá. Huevadas pe[2] que, puta (le tiembla la voz), yo no me olvido. Ha pasado mucho tiempo pero no me puedo olvidar (le tiembla de nuevo la voz y el pómulo derecho).


En esa época, alguna vez hubo alguna situación terrible que te haya marcado y hasta ahora recuerdes
Si, fue esto (se quita la gorra y me muestra la cabeza. Al inclinarse puedo ver una cicatriz de ocho centímetros aproximadamente que nace donde empieza el pelo y va hacia atrás). Mi padrastro me pegaba demasiado. Una vez cuando estaba construyendo su casa empujó los ladrillos acomodados en columnas altas y filas largas; y me cayó todo encima. Aparte, mi padrastro me pegaba con correa mojada todos los días, me marcaba el cuerpo ¡mira!, tengo cicatrices por acá (me muestra varias cicatrices difícil de descubrir a simple vista por los tatuajes).

¿Por qué te pegaba?
¿Has escuchado esas palabras “La calle es una selva de cemento”? Yo soy un callejero y defiendo lo mío, mi territorio, mi familia. Ellos no pueden quererme pero yo sí los quiero. Entonces veía los maltratos hacia mi vieja, las humillaciones…quería matar a ese pavo pe. A la firme, si me hubieran regalado un cuchillo hubiera terminado en su cabeza o en su pulmón. Juré que cuando creciera lo iba a matar. Al final no le hice nada porque murió en su vejez pe. Se secó, todos sus hijos lo dejaron de lado. Se volvió vagabundo y murió. Mi madre también falleció (breve silencio). Al final me fui de la casa.


Trabaja como "jalador" en la avenida
 La Molina con  Javier Prado
Cuando defendías a tu mamá de tu padrastro, sentías que te respaldaba o te decía: gracias…
No, no, no (interrumpe). Me juzgaba. “Esta mal, no te metas en mi vida. Son mis problemas. ‘Ta[3] bien, eres mi hijo pero no te estoy pidiendo que me defiendas”, me decía ¿entiendes? Me partía el corazón porque uno es hijo. Tengo la sangre de ella y ver a tu madre gritar o (tartamudea) tratar de mantener a (tartamudea de nuevo) diez hijos con siete soles…con miserias. Se me parte el corazón ver tanta mierda.

“Mi mamá cantaba. Tenía talento y lo dejó. Al final se dedicó a tener hijos. Era una mujer muy dejada. Mis hermanos paraban cochinos, buscando comida, basura en los basurales, sin zapatos. Mi hermana Jenny paraba en las cantinas pidiendo plata. Mi otra hermana puteaba en una esquina y mi vieja también. Me partía el corazón. Me desahogaba con la música. La gente no sabe pe de uno, el mundo te juzga sin conocerte ¿no? Yo no la juzgo. Mi vieja fue una buena persona. Como todos tuvo su error pe”, añade.

Decidiste irte de tu casa como a los diez años ¿Qué hiciste en esa época?
Robaba, fumaba, me recurseaba[4], limpiaba carros. Cosas así.

- ¿Cuántos años estuviste en eso?, pregunto.
- Cinco o seis años. Paraba en el puente Trujillo en el Rímac.
- Ah, yo viví un tiempo por ahí. Viví por la fábrica de la Cristal, comenté.
- ¿Así? Si conozco. Tú sabes que hay niños como mierda, pirañitas por todos lados.
- Y que viven al borde del río, digo.
- Yo he sido uno de ellos.

¿Qué es lo más complicado que te ha pasado en esa época?
Como soy callejero, uno tiene malas manías, costumbres. Yo soy recontra florero. Tengo el don de florear a la gente porque soy escritor pe.

“En esa época trabajaba arreglando muebles. Un día llegó un cliente y me pidió que lo arreglara y me pago. Nunca lo hice y lo cerré con la plata. Pasó un tiempo, me buscó y casi me mata”, añade.

¿Eso es lo más cerca que has estado de la muerte?
No, me he cortado las venas, he tomado veneno varias veces. He tratado de ahorcarme pero la soga se rompió (se ríe). Ahora me da risa, me comportaba como un bebé.

¿Fuiste discriminado de chibolo?
Demasiado alucina. Me mechaba[5] a cada rato. Me molestaban por mi cicatriz. Me decían “cabeza de alcancía” (risa de ambos).

¿Cuál es la mecha más fuerte que has tenido?
Con un pavo que se quiso pasar de vivo. Le metí tanto cuchillo, tanto golpe que lo dejé privado.

¿Es lo más cercano que has estado de matar a alguien?
Si pero esa es la regla de la pandilla: tú metes o te meten.

¿Por qué la pandilla?
Amigos pe. Protección en la calle.

¿Buscarías hoy a tu familia?
No los necesito. Creo que solo necesito a Dios y a las personas que me quieren dar amor verdadero. Las que no pueden irse al carajo...



[1] Cfr. Policía.
[2] Cfr. Muletilla.
[3] Cfr. Está.
[4] Cfr. Buscar de una u otra manera dinero.
[5] Cfr. Pelear.



[1] Cfr. Persona que ayuda en los paraderos a los cobradores de combi a llamar a los pasajeros.